Que nadie se quede sin viaje de fin de curso: cómo lograrlo desde el centro.
Cada curso hay alumnos sin viaje de fin de curso, y casi nunca porque no quieran ir. Detrás suele haber una cuota que no cuadra, un miedo que nadie ha nombrado o una necesidad que el programa no tuvo en cuenta. Ninguna de esas razones es definitiva si el centro las ve a tiempo.
Lo esencial en 30 segundos
La lista que ningún tutor quiere hacer
Llega febrero, se cierra la lista definitiva del viaje y faltan tres nombres. Uno dijo desde el principio que no le interesaba. Otro dejó de pagar las cuotas en diciembre y no ha vuelto a hablar del tema. Del tercero, la familia mandó una nota escueta: «este año no puede ser». El tutor sabe que, en los tres casos, la respuesta corta esconde una historia más larga.
Esa lista se repite cada curso en casi todos los centros, y casi nunca se habla de ella. Sin embargo, es la parte del viaje que más dice de un colegio. Por eso aquí no hablamos de destinos ni de precios, sino de las razones por las que hay alumnos sin viaje de fin de curso y de lo que un claustro puede hacer, con tiempo, para que esa lista quede en blanco.
No hay soluciones mágicas ni obligación de que vaya todo el mundo. Aun así, después de más de quince años con centros de toda España, sabemos que la mayoría de las bajas se evita si se detecta en septiembre y no en febrero.
Por qué hay alumnos sin viaje de fin de curso
Conviene empezar por el marco legal. El viaje de fin de curso es una actividad extraescolar y, como tal, tiene carácter voluntario: nadie está obligado a ir ni a pagarlo. Pero la misma Ley Orgánica de Educación, en su artículo 88, recoge un principio claro: las administraciones deben establecer medidas para que la situación socioeconómica del alumnado no suponga una barrera para acceder a las actividades complementarias y a los servicios escolares. Ese espíritu, que nadie se quede fuera por dinero, es el que la mayoría de los centros intenta aplicar también a su viaje, aunque la norma no lo exija.
Con ese marco delante, las causas por las que aparecen alumnos sin viaje de fin de curso se repiten curso tras curso. Son básicamente cuatro.
- ·El dinero. Es la causa más frecuente y la que menos se dice en voz alta. Una cuota de 300 o 400 euros más el dinero de bolsillo es inasumible para algunas familias, sobre todo si se comunica en enero y se paga en dos plazos.
- ·El miedo. Para muchos alumnos es el primer viaje de varios días sin la familia. Un adolescente que no quiere separarse de casa, o una familia que no se atreve a dejarle ir, rara vez lo cuenta así: dice que «no le apetece».
- ·Una necesidad específica. Movilidad reducida, una alergia grave, diabetes, un trastorno del espectro autista o cualquier situación que la familia teme que el programa no contemple. Si nadie pregunta, la familia decide sola que mejor no.
- ·Un conflicto o una sanción. A veces el alumno queda excluido como medida correctora del centro. Es una decisión legítima dentro del plan de convivencia, pero conviene que sea la última opción y no la primera.
Ninguna de estas causas aparece en la circular del viaje. Por eso el primer paso es siempre el mismo: una conversación tranquila, en privado, con cada familia que duda. Después, causa por causa.
El dinero: fondo de curso, pagos por meses y ayudas que existen
La mayoría de los alumnos sin viaje de fin de curso por dinero no se quedan por el precio total, sino por el calendario de pago. Una cuota que se anuncia en enero y se cobra en febrero deja fuera a familias que, con ocho meses por delante, habrían podido pagarla. Así que la primera medida es de organización: decidir el viaje en septiembre, reservarlo en octubre y repartir el pago en cinco o seis cuotas mensuales.
La segunda medida es el fondo de curso. Muchos institutos lo abren dos cursos antes del viaje, con actividades sencillas: el mercadillo solidario de Navidad, la venta de dulces en las fiestas del centro, la lotería o las papeletas. Las papeletas, por ejemplo, funcionan por talonarios de cien unidades con una donación recomendada de dos euros, así que un alumno que vende el suyo entero puede reunir hasta doscientos euros para su propio viaje. En ideas para recaudar dinero para el viaje de fin de curso hay más de veinte fórmulas probadas, con lo que se puede esperar de cada una.
La tercera medida es la que más cambia las cosas: un fondo solidario anónimo. Puede alimentarse con una parte de lo recaudado por todo el curso, con una aportación del AMPA o con una cuota voluntaria de uno o dos euros en cada pago. Se gestiona con discreción entre el tutor y la dirección, y cubre total o parcialmente la cuota de quien lo necesite. Nadie sabe quién lo recibe, y por eso funciona.
Conviene preguntar también en el ayuntamiento: algunos municipios tienen ayudas para actividades escolares que las familias no conocen. Y, si con todo la cifra no cuadra, el destino se puede ajustar: un programa de tres días en autocar por España puede costar menos de la mitad que cinco días en avión, y el grupo viaja igual.
El miedo: el primer viaje sin la familia
Hay alumnos sin viaje de fin de curso que tenían el dinero y la autorización, y aun así no fueron. El miedo se disfraza bien: de desinterés, de «tengo un plan mejor», de una excusa familiar. Casi siempre lo ve antes un compañero que el tutor, así que una conversación con el grupo, sin señalar a nadie, saca a la luz quién está dudando.
Detectado el miedo, el remedio es dar seguridad concreta. Funciona muy bien dejar que cada alumno elija con quién comparte habitación, acordar con las familias un momento diario de llamada y explicar, en la reunión previa, quién estará localizable y cómo. Ayuda también una salida corta de un día un par de meses antes: quien ya ha salido con el grupo llega al viaje grande con la mitad del miedo.
Con las familias más inquietas suele bastar una conversación en la que se cuente el programa hora por hora y se explique cómo funciona el teléfono de contacto. Ese tipo de acuerdos, como los que proponemos en cómo regular el móvil en un viaje escolar, tranquilizan más que cualquier folleto.
Cuando la barrera no es el dinero: necesidades específicas y conflictos
Un alumno con movilidad reducida, con diabetes, con una alergia grave o con un trastorno del espectro autista puede ir de viaje. Muchos de los alumnos sin viaje de fin de curso lo son por una necesidad que nadie preguntó a tiempo, no por la necesidad en sí. Cuando el centro pregunta en septiembre qué necesidades hay en el grupo, la agencia puede comprobar la accesibilidad del alojamiento, de las actividades y del transporte, o cambiar una visita por otra.
En cambio, cuando se sabe en marzo, ya no hay margen. Conviene, por tanto, incluir esa pregunta en la primera circular del viaje y tratar cada respuesta en privado. Sobre la comida, alimentación y alergias en viajes escolares explica cómo se gestionan los menús con el alojamiento. La medicación se gestiona según lo que autorice la familia y decida el centro, que conoce el historial del alumno.
El caso de los conflictos es distinto: aquí la exclusión es una decisión del centro, prevista en su plan de convivencia como medida correctora y a veces necesaria. Sin embargo, un acuerdo de normas pactado con la clase antes del viaje reduce esos casos a casi ninguno. Excluir a un alumno debería ser la última opción, y siempre con una alternativa: un compromiso escrito o una conversación con la familia antes de decidirlo.
Un plan de centro para que nadie se quede fuera
Todo lo anterior cabe en un calendario sencillo, pensado para que no haya alumnos sin viaje de fin de curso, que se aprueba en el primer claustro y se repite cada año.
- ·Septiembre. Decidir el viaje y comunicar un precio orientativo. Primera circular con la pregunta sobre necesidades específicas y la ficha de salud. El tutor anota, en privado, quién puede tener dificultades.
- ·Octubre. Reserva del viaje, apertura del fondo de curso y del fondo solidario, y calendario de pagos en cinco o seis cuotas. Conversación individual con cada familia que duda.
- ·Noviembre a febrero. Actividades de recaudación, seguimiento discreto de las cuotas, salida corta de un día con el grupo y sesión para pactar las normas del viaje.
- ·Antes de cerrar la lista. Repaso de los nombres que faltan, uno por uno, con una última llamada a cada familia: es la que más viajes salva.
Nada de esto exige más dinero al centro; exige empezar antes y preguntar mejor. Cuando el claustro ha hecho su parte, la agencia puede hacer la suya: ajustar el destino al presupuesto real del grupo, adaptar el programa a quien lo necesite y ocuparse de la logística. Es el trabajo que hacemos desde 2009.
Lo que dice de un centro su viaje de fin de curso no es cuántos alumnos van. Es cuántos se quedan, y si alguien les preguntó por qué.
Lo que preguntan tutores y familias
¿Es obligatorio ir al viaje de fin de curso? +
No. El viaje de fin de curso es una actividad extraescolar y, según la Ley Orgánica de Educación, tiene carácter voluntario. El centro no puede exigir la participación ni el pago, aunque la mayoría de los colegios intenta que ninguna familia se quede fuera por motivos económicos.
¿Qué puede hacer un centro si una familia no puede pagar el viaje? +
Repartir el pago en cuotas mensuales desde octubre, abrir un fondo de curso con actividades de recaudación, crear un fondo solidario anónimo con aportaciones del AMPA o del grupo, y consultar las ayudas municipales. Si aun así no cuadra, ajustar el destino o la duración para que no haya alumnos sin viaje de fin de curso.
¿Puede ir de viaje un alumno con necesidades específicas? +
Sí, si el programa se adapta a tiempo. Comunicar la necesidad en septiembre permite comprobar la accesibilidad del alojamiento, de las actividades y del transporte, y ajustar los menús. Lo que impide el viaje no es la necesidad, sino enterarse demasiado tarde.
¿Cómo ayudar a un alumno que tiene miedo de viajar sin su familia? +
Con seguridad concreta: dejar que elija compañero de habitación, acordar una llamada diaria con su familia, explicar el programa hora por hora y hacer antes una salida corta de un día con el grupo. Casi siempre el miedo baja cuando el alumno sabe exactamente qué va a pasar.
¿Listos para organizar vuestro viaje de fin de curso?
Os ayudamos a encontrar el destino que encaje con vuestro grupo y con vuestro presupuesto, y a adaptar el programa a quien lo necesite. Sin compromiso.